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Réquiem

Publicada el marzo 8, 2013 por MissVera

ESCENA I

(Se abre el telón)

(Una clase lee el famoso poema de Gustavo Adolfo Bécquer.
Muchos se ríen en el transcurso, otros, ni siquiera miran al folio)

 

¿Vuelve el polvo al polvo?
¿Vuela el alma al cielo?
¿Todo es, sin espíritu,
podredumbre y cieno?
¡No sé; pero hay algo
que explicar no puedo,
que al par nos infunde
repugnancia y duelo,
a dejar tan tristes,
tan solos los muertos.

( Silencio mientras Don Gaspar espera respuesta)

Diana.- ¡Aburrido! (se oyen risas generales)

Jaime.- No tiene sentido, son solo muertos. (Más risas acompañantes)

José.- Creo que es del Romanticismo, Jaime. (Más risas)

Don Gaspar.- ¿Alguien puede hablar un poco de su métrica y su estilo?

(Todos callan)

Claudia.- Es… brillante.
(La miran entre sorprendidos y nerviosos)

Diego.- Brillantemente estúpido.

(Las risas vuelven a irse mientras que Claudia ignora el comentario y sosteniendo el folio, lo agarra con ímpetu)

Claudia.- Es auténtico y sencillo, es emotivo y profundo…

(La observan  inquietos y preocupados. Dos Gaspar decide seguir con la clase intentando aparentar normalidad mientras que  Marcos, un compañero se aventura para arreglarlo)

Marcos.- ¡Eres una “Friki”! (risa exagerada)

(Claudia se percata del descuido y se recompone en el papel)

Claudia.- ¡Ja! (Une su risa a la de sus compañeros mientras se mofen de ella)

(Don Gaspar cierra el libro de Rimas y lo esconde en el cajón)

(Claudia no vuelve a hablar  en toda la clase. Mira a un lado y descubre que Marcos le susurra algo)

Marcos.- Por qué poco…

(Ella sonríe agradecida mientras                                                              .                                                             Mientras cae, como siempre, el telón)

 

 

 

 

 

 

 

Mi nombre es Claudia.

Lo más probable es que es desconcierto haya hecho estragos en vuestra serena lectura por ello me dispongo a explicarlo.

Lo que acabáis de leer ocurrió un cálido día de otoño, en clase y aún todavía puedo recordar que cometí el mayor error de mi vida.

Un error que nadie se puede permitir aquí.

Sí, aquí, en este teatro que es la vida.

Claro ¿Acaso no lo sabéis? Todo aquí es puro teatro.
Mi mundo es algo complicado.

Todas y cada una de las personas que viven en él, interpretan un papel frente a los demás; frente a su familia, amigos y también frente a un “sí mismo” oculto. Nadie es lo que es sino lo que debe ser.

A mí, por ejemplo, me tocó interpretar el papel  de chica estudiosa, negativita, tímida e incomprendida. Tuve que hacer de silenciosa y acomplejada hasta que por obra del destino comencé a ser considerada en los ambientes sociales superiores.

Los ambientes sociales superiores son aquellos en los que todos los miembros pertenecientes son aceptados y tratados según su apariencia física o simplemente por poder complacer a los demás miembros de la casta.
Parece ficticio pero nos tomamos muy en serio nuestro papel.

En escena lo que sobre todo nos importa, son las relaciones interpersonales.

Normalmente, depende del papel que te sea asignado, puedes comportarte de manera complaciente o tirana y dominante.

Cuando por ejemplo te acercas a un grupo de gente dominante, observaras que cada cual esta relatando algo de si mismo e ignora despreciativamente el hecho de escuchar a los demás.

(Suele pasar que si por ejemplo uno comenta que tuvo un accidente al darse con el pico de una mesa, la acción en sí  se irá agravando a medida que  los demás cuenten sus propias experiencias hasta que llegue el punto en el que a uno de los miembros del grupo, se le haya caído una mesa encima)

Cada cual, mientras el otro habla, preparara su versión de la experiencia que le haga ser considerado como el más desgraciado (si es algo malo) o como el más suertudo.

A mí me tocó el papel de complaciente en estos grupos sociales. Normalmente cuando me acerco a un grupo de personas que me hablan simultáneamente sobre ellas, yo debo  atender a todos y decir exactamente lo que quieren escuchar.

Casi todo el tiempo es así.

Hace tres meses sin ir más lejos, hubo una discusión en clase sobre si se debían abrir o no las ventanas del aula por la mañana.
Marcos y Diana dijeron que sí, mientras que José y Diego se negaban en rotundo.

Todo empezó serenamente pero como exigía nuestro papel, debía acabar en disputa.

Es la primera regla para sobrevivir aquí.
“Tómate tan en serio tus opiniones como si tu existencia en este mundo dependiera de ello”

Diana empezó a gritar histérica mientras que José y Marcos forcejeaban por la ventana.

Acabaron tan enfadados que los echaron de clase mientras se reían, sospechando que por el asunto de la ventana ahora ya eran más populares.

Constantemente pasan estas cosas aunque al final una se acostumbra  a la vida así.

Con mi familia es algo parecido. Yo me limito a escuchar y a asentir mientras que mi padre grita constantemente quejándose por todo lo que le rodea y mi madre se pasa el tiempo creyendo que vivimos para insultarla.
Me gustaría ser tan buena actriz como ella.
También  tengo una hermana. Cecilia.

A ella se le asigno el papel de rebelde y violenta y lo interpreto como buenamente pudo escapándose de casa a los dieciséis años para volver tres años después embarazada y casada con un tipo al que ni siquiera estimaba lo mas mínimo.

La quiero tanto como me permite mi papel y aunque me da pena, debo mostrar desapego por ella.

Pero eso no es tan extraño aquí. Yo, por ejemplo debo mostrar asco al ver a ciertas personas de mi clase que están en los ambientes sociales inferiores.

A veces tengo que criticarlos, reírme de ellos y cuando alguno de los “superiores” de la clase los insulta, aprobarlo con una risa acompañada de algún comentario humillante.

ESCENA II
(Doctor, madre de Claudia, padre de Claudia y Claudia)
(Consulta del médico. El doctor tiene en la mano los resultados de los análisis)

Doctor.-Tengo malas noticias.

(El padre lo mira prejuicios y la madre exageradamente dramática)

Doctor.- Su hija tiene Leucemia.

Padre.- Ahora cualquiera puede ser médico, menuda sandez.

Madre.- (Grita con desgarro y se desploma haciendo el amago de desmayo) ¡Ah…!.

Doctor.- Les estoy hablando muy en serio. Su hija tiene Leucemia y no sabemos cuánto va a durar, puede que mucho o puede que…

Padre.- ¡Ya he escuchado suficiente! ¡Matasanos!

(Coge a la madre en brazos y se marcha con aire de ofendido)

(El doctor ordena nervioso y triste los papeles. Claudia, que ha escuchado todo detrás de la puerta, se queda un instante sin habla hasta que recupera la compostura y se levanta.

(Cae el telón)

 

La única verdad en este teatro que es la vida, es que cuando esta termina, la función debe seguir.

No sé si lo que dijo el médico es verdad pero tan solo veo que cada día me vengo sintiendo mas cansada, con menos apetito y con dolor por todo el cuerpo.

Hace tiempo que deje de ir a clase y por lo que pude saber, casi todos mis compañeros se entristecieron mucho  cuando se enteraron de mi enfermedad. Todos, incluso aquel chico que me humillaba delante de todos. Parece ser que el teatro es infinito…

Supongo que la vida no lo es…

Hoy, recupero mis breves memorias desde una cama rodeada por todo tipo de personajes a los que ya no reconozco. Mi padre maldice a Dios por lo que nos ha hecho, mi madre cada dos por tres sufre de los nervios y se desmaya y mi hermana… ella no podía volver después de todo.

Ahora solo escucho el silencio de los que me hablan intentando aparentar normalidad. Ahora me pregunto si entre las escenas, los actos y bambalinas, no se nos olvido lo más importante.

Quizá, entre los efímeros aplausos del etéreo público, debimos darnos cuenta de que si en algún lugar nunca se debe actuar, es en la vida.

¿Fue tan sonora la ovación?
Siento, que en realidad no valió la pena.

Pero supongo que todo está bien así ¿No? Lo supongo o lo interpreto.

¡Claro que sí! Todo estuvo bien así. Las veces que no fui yo misma, los momentos en los que humille y fui tratada como a una diva, la gente a la que nunca percibí por ser inferior a mí, las lagrimas que nunca derrame por nada…
Debo ser una gran actriz, se me da demasiado bien engañarme a mí misma.

Las personas que me rodean no escuchan lo que estoy diciendo. No pueden escucharlo. Solo escuchan sus pensamientos…

Me voy con el último recuerdo del abrazo de Cecilia antes de partir.
Con la sonrisa de Marcos, aquella hermosa tarde de Diciembre.

(Cierra los ojos para esperar su final.
Los que están a su alrededor se quedan sin aliento. Todo ha acabado ya.)

(Se renueva el escenario y se recoge el decorado. Se cae de la cama antes de desaparecer el libro de Rimas de Becquer)

(Cae el telón)

 

Categoría: 2013, Poemas

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