Creció como un gigante.
Pasó el tiempo y fue olvidando todo lo que creyó recordar sobre sí misma.
Y decidió vivir hacia atrás.
Y olvidar que te olvido una vez, en aquel invierno que pintó Septiembre donde ya sabíais
que vivir era difícil, y que las alas nunca renacen de sus cenizas.
Y ella camina los años de Diciembre a Enero sin pasar por Octubre, porque en Octubre decidiste amanecer en las noches, como ella, pero sin su olor.
Apaga los interruptores de las ciudades sin impuestos, porque tu amor ya no avala sus sueños.
Y se levanta en este día 12, de un año difícil de imprimir en calendarios para enmendar tus errores, los que hizo suyos por ser lo único que poseía de ti.
Crecería como una niña que sonríe pero las luciérnagas que cuidaba, por brillar, ardieron en sus manos mientras las miraba, mientras les decía “Todo saldrá bien, ayer”
Pasaron los años hacia el pasado y quiso querer quedarse allí.
Recordaras como ansiaba perderse entre fotos de personas que nunca conocería solo para encontrar a alguien que había olvidado mentar. Alguien que se parecería a ti antes de que huyeras como perseguido por un viento autómata.
Ya ni siquiera te persigue el viento porque él se marchó con ella allá donde las flores se dejaban morir para aprender a nacer y tener alas.
¿Cómo serán los silencios de la morada que ella adornó con una expiación, con esa canción que le tarareabas cuando aún no sabías que el amor apresaba sus ojos para que no supieran como encontrarte entre la gente?
¿Cómo sabes hablar sin que sus oídos puedan oírte?
Creció naciendo de nuevo.
Y ahora la veo deambular absorta entre el rímel que arrastró sus lágrimas aquella noche de Octubre, 12 horas antes de que te marcharas.
Antes que se abalanzaran las palabras sobre sus oídos para que ella no pudiese oír nunca más otras que no dijeran “Te quiero demasiado, pero menos de lo que me amas con las luces apagadas”
Y advierto las facturas de luz que se acumulan, porque no sabe querer a nadie a oscuras más que a ti.
Se levanta en este día sin luz, 12 horas antes de que te vayas, te sonríe un instante antes de callar para siempre, y susurra “Te amo demasiado con las luces apagadas pero menos de lo que me quieres cuando dices –Demasiado”
Y vuestras voces se confunden y deportas la idea de que ella te desterró.
La que ahora crece como un gigante y olvida que te olvidó una vez.
La que olvida que solo deseas vivir entre recibos devueltos, rodeado de las luces apagadas en las que ella te amaba. Muriendo cada Octubre que nunca le contaste que quererla se parece demasiado a amarla a oscuras.