Las mentiras y el anuncio de guerra.
Has vencido.
Sin el permiso del viento has arrasado con los versos que componían mis latidos.
Hoy es el último día de la vida de cualquiera en que juro amarte para siempre.
Lo abandero.
Hoy es el primer movimiento de una sinfonía que desentona en un soliloquio interpretado por un loco.
Voltaje sólo es fuerza.
El resultado de hablar con la montaña y que respondan los ojos de una niña que pide un momento.
Voltaje fue tu risa.
Acelerar la prosa o interrumpir un soneto para desmembrar la letra.
Voltaje es coincidir con tu mentira y jugar, con ella, a callar lo cierto.
Ganar después.
Eres el resumen del mundo.
Un cosmos inverso al génesis, sin ese silencio que cobraste en mi garganta.
Ojalá, pueda explicar la ciencia quién interrumpe los vicios o las adicciones a un averno empapelado por dialectos que se emancipan del verbo.
«Las naciones se evaporan en botellas de Jack Daniels»
Y Dios hizo sordos los oídos inmunes a la evidencia.
Por eso, tú no puedes desprenderte del voltaje.
Voltaje en las dialécticas evocadoras de otros siglos.
Voltaje en doscientos millones de milímetros que concluyen un ensayo.
Voltaje en las marcas de la puerta de la casa del olvido.
Voltaje y un nudo en el relente de mi alma.
Voltaje en altavoces de tus infamias alabando mis naciones.
Cuando Dios hizo sordos los pronombres que no mencionaban mis siglas.
Y las naciones se condensan en el roce de tus dedos.
Por eso, tu ego es perseguido por las tierras sin nombre.
Por eso, fuiste luz.
Por eso, tú no puedes desprenderte del voltaje.
