Las carreteras se derivan sin incógnita.
Los pies dibujan la silueta de la última decisión que revocamos.
Luego, se empieza a caminar con prisa y el sol, se viste del convencimiento de que nunca podremos alcanzarle.
Rompiendo el viento, esperando que no se regenere, cada huella silba la canción que concluye en la factura de un amor que se durmió de pena.
Despertó a las 9 de Marzo del mes de las albas furiosas por el abandono.
Y se prometió no volver a amar, para evitar empezar a quererse de cero. Los comienzos nunca son bonitos cuando la certidumbre del sabor de tus huesos, es expatriada por desfalco.
Los comienzos, siempre saben a materia descartada por desuso.
El amor siguió danzando sin tocar la tierra, ideando horas de más de 60 minutos y cuando la Primavera llegó, nadie quiso contarle que su flor favorita, no duraba dos Abriles.
Murió el amor matando Balcones llenos de ruido, diciendo -Las habitaciones demasiado grandes mueren por hipoxia.
El verbo querer, se puso de moda movido por los hilos de una caja con teclas. Y los besos se negaron a amanecer entre el sábado y el lunes. Dormir un domingo sin comisión.
Hamlet escondió las añoranzas en una colina que descendía tres grados de temperatura, para que las carreteras derivaran en versos de rock masticado.
Y así las horas sumaron 80 minutos.
Y el amor despertó con hambre de carreras perdidas contra el sol.
Se acerca el mes del alba raida donde la asfixia es consentida por la cama y, el amor, le ha recordado al viento que ser intangible es el primer corte.
Se ha marchado entonces, en una mano, el cielo, en la otra la tierra prometida. Y en sus labios la certeza de las flores que duran 22 Abriles.
Sobre un fondo de carreteras integradas.
Sobre unos pies cuyos pasos nunca son revocados.
Carreteras derivadas.
Categoría: 2014