Te voy a contar los lunares mil veces, dijo.
Y mi piel duplicó las manchas que la adornaban.
Me gustaba su nombre.
Me perdían los designios ignaugurados por
consonantes.
A veces era un libro
adusto,
a ratos era un beso joven.
Y en algunos momentos,
descifraba la vida,
como si las cosas más difíciles,
fueran motas de vino disimuladas.
Es de esos amores
que no quieres amar,
de esas ventanas
que tapias,
para evitar ver que el sol
ha caído.
Es de los que
al enfadarse
hace morir de frío
a los versos.
Pero quiere contar
estrellas en el cielo
de mi boca.
Quiere contarle historias
a los pliegues
de una piel raída
por la culpa.
Quiere el infierno de mis labios
como marca personal.
«Contaré mil veces,
todos tus lunares»
Y los poetas desprecian
la tinta,
los actores se mueren
de risa,
y el sol,
me ha dejado sola,
perdida en el aire
que apresa su boca.