Dice ella que Grecia
es lo que te queda
cuando lo pierdes todo.
A veces, soy la resulta
de todos los hombres
a los que he matado
a versos.
Pero ninguno de ellos
se encontró a sí mismo
en las esquinas de mis letras.
Hubiera jurado
que amar y tener
tenían las mismas sílabas.
Qué estúpida.
Dejé de escribir
para postrarme
ante cualquier blog
alumbrado de tatuajes
y tintes que mi pelo
nunca impregnaría.
Olvidé,
que detrás de un autor
adorado por los emoticonos
se esconde cualquier
ente anónimo
que se detesta tanto como yo.
Me vendí
por lo que un descreído
llevaba de calderilla.
Y decidí escuchar
cómo mis demonios
se burlaban de mi
impericia con las ciencias exactas.
“El número de hombres
que te han amado,
es la diferencia
entre los años que has vivido
y el tiempo
que has pasado compadeciendo
tus latidos”
Y los vasos medio vacíos
suponen que el resultado
es cero.
Escribí un poema
tan infame
que el mechero
lo prendió antes que al cigarro.
La única frase
que escapó del exilio
de una papelera fue:
“Si Nueva York no existiera,
Venecia sería la tierra prometida”
El poema murió
de anorexia inspiradora.
Y nació este sintagma
sin raza
que evoca a los cigarros
clandestinos,
a los labios teñidos
a las ironías que nadan
en un Champagne de
veinte mil billetes.
La arrogancia es
único abrigo
con el revés punzante.
Hubiera jurado
que matar y besar
tenían una vocal común,
O una boca.
Dicen que Grecia
es lo que te queda
cuando lo pierdes todo.
Qué estúpida.
He debido dejar
abierta la ventana
de las dudas
y ella también se ha marchado.
Ahora que todos se han ido
calcularé los corazones
que he robado.
Y si ganan la batalla
los vasos medios vacíos
mataré a versos
al primer escéptico que pase
y me beberé el último billete
de esta copa,
en honor a los colores
que nunca impregnarán mi pelo.