Se pidieron un San Valentín
con mucho hielo
y once piruletas de fresa.
Hicieron cincuenta fotografías
y decidieron que preferían
los huevos fritos
antes que hacer el amor.
Ellos eran así.
Eran de salir los domingos,
para dejar de culpar
al lunes de todas las resacas.
Llenaron estas calles de risa,
de tatuajes desertores,
de himnos de borrachos anclados
a la barra de la facultad.
Entre tácitos discursos de
Nietzsche,
me servían la penúltima copa.
Así son.
Descreídos de las certezas,
enemigos de las bromas que
nacen crédulas.
Guerreros hasta la hora de la cena,
sabios hasta las doce,
artistas hasta que se consume el cigarro.
Así somos.
El resultado de todo lo que jamás
debimos callar.
Y así seducimos la pena
matando al pegar los labios,
gritando mejor
riendo mejor
bailando mejor que nadie,
pero menos que cualquiera.
Se pidieron un 14 de Febrero
empapado en Ginebra,
once piruletas saqueadas
y una retrica
con ángulo imposible.
Se pidieron disipar una duda,
por cada sorbo derramado,
y descubrí que el amor,
era demasiado poco para ellos.
Pagué la cuenta
y la suma de las partes
difirió del todo.
Como si no fuera un domingo cualquiera,
como si el amor, siempre hubiera sido, demasiado poco para ellos.