Queridos bastardos del verso,
escribís sin belleza,
os visten frívolas vacantes,
donde yo dispongo tiernos romances.
Datais con obsesión,
el acento siempre tónico,
lo correcto justificado a la izquierda.
Yo le rezo a lo disonante,
me proclamo reina del verbo inarmónico.
La que cambió el amor por unas zapatillas de suelas clavadas.
El vibrar de mis mapas alivia el hastío de vuestras fábulas,
carentes de esencia.
Me impregno en las páginas ajadas de vuestras pretensiones
y doy un mate en el tablero con caballo y alfil.
No es poesía,
es Lorca.
No está siendo bonito,
está siendo verdad.
Como que las canciones programadas para leer poemas son un arte rancio
de instantáneas inicuas.
Os nombro coleccionistas sin manos.
De los que compilan mármol gélido,
sin poder tocarlo.
Vagáis malditos por esos páramos inventados, que todos se parecen a trilogías perennes.
Yo os encumbro
y os abrigo,
bajo este vanguardismo caótico.
No es destrucción si eleváis
imperios de aire,
si el triángulo escaleno de Alberti,
no os atraviesa el pecho mientras cae en picado.
No es falta de tiempo,
es oquedad artística.
Queridos vástagos del verbo roto,
que el vibrar de los rezos que enmiendan vuestras pretensiones,
desgaste las instantánea,
y os clave al suelo.
Para que Lorca os bese la frente, antes de su última llamada,
para que esta reina sin sílaba tónica,
os disponga en el más precioso de los romances.
