Pero nada se acaba del todo.
Y si sigues vivo, vas a tener que seguir luchando en esta guerra particular, atacando al compañero mientras te regocijas en que su herida está justificada por ser una gran guerra.
Pero era tu amigo.
Y ahora se ha marchado de tu lado.
Deambulas por el campo de batalla recordando mis lecciones cuando te decía que pasara lo que pasase siempre íbamos a salir de la ofensiva que hiciste tuya.
¿Dónde está ahora tu hermano?
Aquel que te dio los mejores consejos, te dedico las más divertidas sonrisas y te protegió con sus mejores abrazos…
¿Dónde has hecho que se marche?
Porque él no luchaba contra ti.
Búscale donde las promesas se perdieron y los llantos se volvieron costumbre, donde las miradas te guardaban del tormento y las risas te arropaban cada vez que el frio te pedía explicaciones.
Indaga en cada gesto de confianza en cada carcajada que ejercía de muralla contra tu un miedo converso.
Pregunta a todos los que vieron vuestro cariño porque pase lo que pase la ansiedad ya no podrá convencerte de que todo fueron ilusiones y los recuerdos no podrán volver a asegurarte que todo será como antes.
Olvida lo que vivisteis y rechaza cualquier señal de lo que vayáis a vivir.
Y mírale porque está delante de ti.
Sonríele porque te estaba buscando también
Y deja que te abrace mientras ves en ese momento que la guerra no ha tenido más perdedor que tu miedo.
Y deja ver que te ofrece la mano como señal de tregua en esta guerra que solo libraste tú, y que se pierde entre explicaciones mal dadas que el frío de Diciembre nunca sabrá comprender.