A ella le gustaba que el viento le levantara la falda. Olía a verano. Los versos se habían marchado con el último amanecer y florecían abanicos donde se quemaban las flores. Podíamos hablar de cualquier cosa. Incluso de las que… Seguir leyendo →
No tardarás en olvidarte de ella. Ni en pasar por alto que no sabía fruncir el ceño si no la mirabas. No demorarás en dejar pasar los verbos que un día mordieron tus labios. Que ella no se quería bajar… Seguir leyendo →
Las náyades son ninfas de agua dulce. Abanderadas de la seducción, brujas de los bosques. Son celosas de los marineros rubios. Yo conocí a una. A ella le gustaba el zumo de piña, el descafeinado a las 10 de la… Seguir leyendo →
No le gustan las espinacas. Él suele decir que no le importa comerlas, pero luego, se ríe y propone otra cosa para cenar. Le gusta salir a comprar a las grandes superficies y detenerse en la zona de los equipos… Seguir leyendo →
Me arrancaste el lunes del calendario. Te hiciste un avión de los que caen en picado y rompen las risas. Me dijiste que el mejor beso era de mis labios por eso no podías volver a probarlos nunca más. Es… Seguir leyendo →
No recuerdo la última vez, todas me saben a despedida. Y ella se dejó robar un beso al grito de «El comunismo ha muerto». Después cayó el agua del cielo como si no necesitara permiso. Los días después de un… Seguir leyendo →
Se pidieron un San Valentín con mucho hielo y once piruletas de fresa. Hicieron cincuenta fotografías y decidieron que preferían los huevos fritos antes que hacer el amor. Ellos eran así. Eran de salir los domingos, para dejar de culpar… Seguir leyendo →
Mi espalda es el grabado marcado de todos los pomos que se han clavado en ella. Es el resultado de follar deprisa y dormir con frío de palabras dulces. Tu forma de mirarme cuando me recojo el pelo, es tan… Seguir leyendo →
© 2026 Medea en octubre — Funciona gracias a WordPress
Tema realizado por Anders Noren — Ir arriba ↑