No tardarás en olvidarte de ella.
Ni en pasar por alto que no sabía fruncir el ceño
si no la mirabas.
No demorarás en dejar pasar los verbos
que un día mordieron tus labios.
Que ella no se quería bajar de los coches
en los que Sabina recitaba a voz rota.
Que ella no duraba ni un segundo
sin intentar desgarrar sus camisas.
Ella que todo lo suma
Ella que todo lo altera
Ella la que siempre es exceso.
Nada durará más de un viaje del Sol
en este cielo.
Y se morirán las noches de pena
hasta que ella deje de llorar.
Y se matarán las dudas
por desconfiar de sí mismas.
Será indoloro.
Porque sabrás
que es adicta al dolor que se provoca,
que sonríe porque le quema el humor.
que no te merecía
por su locura
porque su cordura se decoloró el pelo.
Porque ella es la primera vez
y todas las que no sabes evitar.
Por los poetas que la amaron
por los idiotas a los que les dedico un poema
por los “Ya nos veremos”
y los “No, ya nos veremos, no”
No pospondrás ni un instante
evadirte de los viajes,
de que los minutos fueron años,
de la risa.
Pero algún día, querido amigo,
recordarás, sin querer,
que ella olía a sí misma
que ella sólo suma
y que adora gastar gasolina
si Sabina la espera en la calle Melancolía
donde solo se la escucha
hablar de que Sócrates era un gran tipo
con el cuarto cigarro en la mano
y los botones tatuados
de todas aquellas camisas que
nunca volverán a ser tuyas.