Primero tuve un corazón blanco y quise que fuera más claro.
Luego tuve un corazón amarillo
y quise
que fuera
más grande.
Tuve también
un corazón negro
y quise
que fuera blanco.
Después
se acercó un peruano y
me dijo «Todos tenemos el mismo corazón»
y lo maté
con una palabra vacía.
Tuve un corazón de hierro y quise que fuera blanco.
Y cuando se acercó
aquel africano
también lo maté.
Sólo era un negro más.
Y entonces escuché a Revólver cantar En la Calle Mayor.
A veces tengo un corazón mestizo,
mitad blanco
mitad oscuro
y quise que fuera
de cualquier color
antes que fuera negro.
Vino un moro y me confesó: «Todos tenemos el mismo Dios pero sin nombre»
y a él también
lo lleve al infierno
de una patada.
Por último tuve un corazón negro.
Y era para siempre.
Y quise que no lo fuera.
Y recordé al Afgano.
Y recordé al esclavo Americano.
Tuve un corazón ausente
y entonces
quise que fuera mentira.
Quise tener cualquiera
aunque fuera mestizo
y fuera condenado al infierno
de una patada.
Aunque se volviera de hierro mientras escuchaba
a Revólver cantar
En la Calle Mayor.