En Madrid la gente nunca camina lo suficientemente rápido. Ni las horas que duermen descansan del todo.
En Madrid las madrugadas son dictaduras de pasos mal dados y de calles que se equivocan de dirección.
Hay un Palacio de Oriente escondido en Madrid.
Y la velocidad se mide en los trenes que se pierden camino a ninguna parte.
En Madrid los miedos pasean por Gran Vía y puedes verlos fumar sin riesgo a morir de una asfixia perpetua.
Hay carteles que cambian abrazos por sonrisas y lugares donde poder hablar sobre morirse sin vivir.
Existe el imperio de la prisa, de los billetes que caducan por olvido y de noches en las que no querrías correr detrás de los silencios.
En Madrid, donde las calles todas llevan a canciones de Sabina y donde el Callao te sabe a infancia en el coche con papá.
En Madrid donde nunca quiebran las palabras sobre las cosas que no viviste, porque si estas allí, ella te escucha, te espera; te vive.
Y de repente Madrid fuiste tú.
Y el movimiento de los trenes era la melodía que precedía nuestro himno
Y las princesas de los cuentos que siempre inventaba para no soñar lucían pelo rojo y gafas de Nueva York.
En Madrid, donde doscientos kilómetros eran tres minutos en los que el mundo no jugaba mientras tú me agarrabas la mano, y yo huía del tiempo.
Y las bromas, las risas, las charlas y el tacto de los corazones que se doblan pero que jamás se parten eran la parte más perfecta de Madrid.
Donde sabíamos parar el tiempo de aquellos que solo han aprendido a correr tras sus pasos o dar una sonrisa a una niña en un metro.
En Madrid hiciste de las madrugadas dictaduras de pasos torpes y de calles que no tienen dirección.
Y encontramos un recoveco en el que hablar sin decir, en el que mirarnos sin mirar, en el que vivir sin apenas inspirar…
En Madrid la gente nunca camina lo suficientemente rápido. Aunque saben que deberían ser turistas de su propio hogar, y poder sentir en cada paso de las princesas de bocas de fresa, que en Madrid, hay un instante en el que las horas descansan, en el que puedes hablar sobre vivirte, sin morir.