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Eye for an eye.

Publicada el agosto 20, 2013 por MissVera

Michael Adebolajo, inmigrante de origen nigeriano, criado en Londres, asesinó el pasado 22 de Mayo, a un soldado británico llamado Lee Rigby. Tras cometer el crimen, se quedó junto a su víctima y pudieron grabarle mientras explicaba la razón por la cual se había llevado la vida del militar.

Michael dice que es justicia.

Tiene las manos de color rojo.

Pero a mí no me engaña, esa sangre no es suya.

Sostiene un arma en la mano izquierda.

Quizá sea zurdo.

Quizá hubo un día de primavera en su infancia

en que chutó con la otra pierna

y sintió que podía hacer lo que quisiera.

Pero ahora sólo es un ladrón de latidos.

Michael dice que es ley de vida.

Pero en este mundo,

hay una persona menos que se llama Lee.

Lo mató porque mataba.

Lo mató como a quién le sobra la vida de un anónimo

y le cunde la propia.

Después lo grabaron en vídeo.

A mí no me engaña,

la sangre salpicó a la luna

y ahora viste de rosa.

La muerte también viste de rosa.

Lee nunca podrá vestir de rosa,

ya no.

Es la suerte de los que ya no están.

No pueden volver a irse.

Michael nunca escuchó

a ningún profesor hablar de justicia.

Tampoco ella coqueteó con él.

Tuvo una vida difícil,

o quizá la psicología de lo absurdo, nos engaña.

Kirk Redpath querría esperarle en el cielo.

A veces,

le grita desde allí,

como si Michael pudiera oír

los ruegos por su alma.

Dijeron que era pacífico.

La cabeza de Lee, les llevó la contraria.

Dijeron que era bromista.

El hacha mellada, les llevó la contraria.

Dijeron que era buen estudiante.

Quizá nunca nadie le enseñó

que llevarte una vida de regalo,

hace trizas la piel de las buenas fes.

Se llamó Muyahid, unos años.

Después fue Michael.

Qué suerte que algunos

puedan llamarse dos veces,

y otros ni siquiera una vez,

durante mucho tiempo.

Dominaba el centro del campo,

junto a sus amigos blancos.

Más tarde, se iban de cervezas.

Más tarde, la marihuana se iba con ellos.

Nadie le avisó

de los tenderetes que conversan sobre la vida,

en las calles de Londres.

Bakri estará orgulloso de ti,

pequeño Michael.

Pero alégrate,

Lee no puede enfadarse contigo.

Lee ya no puede enfadarse con nadie.

Porque tú lo mataste.

Michael dice que echa de menos a Kirk.

Pero a mí no me engaña.

Falta un hombre en el mundo,

que pueda echar de menos.

Eras un niño ilusionado por un balón.

Un hijo de alguien.

Como el hijo de Lee,

que tiene dos años.

Michael dice que es ‘Ojo por ojo’

y ahora Michael, se ha quedado ciego.

Categoría: 2013, Poemas

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