Ella se llama Marina
aunque a veces parece una invención de Dickens
o un regalo que caduca en Nochebuena
o una estrofa de Sleepy sun
en los anatemas de Lovecraft.
Ella se llama Marina o a veces no se llama
y casi siempre se decide
en carreteras de sentido único .
Ella es a veces luz o solo abismo
o algo que nació abstracto
y muere en silencio
sin molestar.
A veces pasea largas horas
en compañía de Dvorak.
Y solo si ella quiere a veces él
toca el violín
o el piano
o un romance
y ella lo escucha
mas horas de las que presta el día.
Un recuerdo camina por la orilla
en aquellos días con nosotras mismas,
en las arenas de una playa
en el Atlántico.
Camino al sol en el amanecer
y lejos de él cuando atardece
asi íbamos por esta vida.
Asi transita Marina,
como un ave que no peregrina
como un devoto perdido
entre las huellas de Santiago.
Ella es Marina
con su jersey mostaza
o sin esa mirada que nació triste
o con esa sonrisa que endulza
como un regalo merecido
en el mejor de los cumpleaños.
Entre relatos malditos de Lovecraft
unas margaritas blancas
o una tableta de chocolate
Marina es siempre ella,
en aquellos días con su sola compañía,
en las arenas de una playa
en el Atlántico.
Camino al sol
porque no le queman
las notas que discurren
por sus rizos.
Marina en autovías sin final
apoyada en las paredes
que empapelan
fotografías de sus ausencias.