Tengo espacio inagotable
en mi memoria para el equipaje
de tus vidas.
De la que fuiste desertor por 100 años.
De la que me perdías en secreto
para que sólo lo oyese tu miedo.
Guardo el envoltorio de la tarde
en la que me contaste
que los chicos guapos
nunca regalan poemas.
Y que las miserias del pueblo
son lo único certero que sostienen.
Tengo un tártaro cerrado por derribo
y a Lucifer mendigando en la Calle Mayor.
Tengo todas las cosas que esperaba tener.
Pero de vez en cuando sin ti,
solo tengo maletas forradas con fotos de Amélie.
O enanos robados del jardín de la imprudencia.
O a veces sin ti no tengo nada.
Vacío el armario y encuentro tus bromas,
que lloran
porque ya no saben divertir.
Sólo el eco.
O tu vida
O una voz
Que fue aire
por parecerse a ti.
Y en Saint Jaume
redoblan mis tacones
sublevados contra
el verso que hiciste de
mi nombre.
Que luchan porque regreses
de 100 años de viaje
y liberes la asonancia
que citaba tu ausencia
en un cartel de Jeux d´enfants
Y en Saint Jaume
vive el silencio
que acompasa la sonata
de Corelli,
Que Liszt te tatuó
en las teclas del piano.
Y después el mundo
con sus detalles
con ese soplo que
solo tú sabes respirar
o el céfiro que le robaste
a Diciembre
para que los años duraran menos sin tu olor.
Tengo una maleta
o una chispa
de disturbio
o solo postales
en Nueva York
o un café distraído
de otoño.
Regresa Octubre
a veces dulce
a veces fiera
y recuerdo que una vez
en estos días,
decidiste que el próximo sol
se llamaría Adriana
Adriana como a ti
te gustaba llamar a la luna
y a veces llamarme
a mí.
Adriana suena como el viento
que roza una ola y le
da paz.
Y octubre se marcha
reconociendo
que las notas de tu voz
relegan llamarme
Amor,
para apodarme Nada.
Gritando irrumpimos en Agosto
despertamos al sol
para que fuera a trabajar
pero pidió la baja
por depresión
porque se escondía la luna.
Creo que fuimos al mar
y que él me habló de ti.
Pero yo no escuché lo que decía.
Y quiero creer que es por mí
que no vuela el cielo
ni se arrastra tu tierra
pero Agosto se perdió en la gente
y denunciamos su muerte
como muestra de expiación.
Mayo refirió
que las mejores películas
mueren con las luces apagadas.
Nos embriagó como la esencia
de un desamor que fue
de piedra,
incoloro,
sin olor…
Porque todo me sabía a tu espalda
inacabable al principio
indomable a mitad
inapelable en el final.
Abril, como París
fue una gran fiesta
y hubo caras expectantes
ante nuestra llegada
Creo que fue el mes en que
empecé a perder tu risa
mientras la lluvia
me preguntaba
de quien era yo.
“Yo soy de él”
Le respondí
pero nada alegaste tu
que ya marchabas tras aquella
liviana mujer,
sonrisa de ayer,
rímel arrastrado
por palabras ahogadas en alcohol.
Se llamaba Julia
o “mi sol”
como a ti te gustaba llamarme a mí
pensando en ella.
Y con Julia perdió el tiempo la noción de sí mismo
y Dios se convirtió al budismo
y el amor se enamoró de sí
y no fue correspondido.
Nace el 40 de abril,
y cuentan que
la virgen nos susurró
la respuesta
a todas las preguntas,
pero alevosos,
preferimos escuchar
el estridente grito de Nerón
en Quo Vadis.
Y nos embaucaron las trompetas
que precedían a Deborah Kerr.
Era tan bella.
Solías llamar Martina
a la plañidera
que presidía el paso fúnebre.
Era teñida.
Como las putas que a ti
más te gustaban.
Y ese mismo Abril,
el paso se adelantó a la fe
y miles de devotas lloraron mi pena
en la Calle de la Luna.
Te vi debajo de su falda
te vi entrar dentro de su boca
y adiviné también que
Martina sería Julia
en el final.
Fue un romance prófugo
preso de las llamas.
“Dice quererte
pero se cansará
y cuando lo haga
me pintaré
sólo para él”
Dijo ella oliendo a incienso.
Julia
nunca lloró su muerte
sonrió una vez y me espetó
“Si él valiera todos los instantes
de esta vida,
seguiría prefiriendo la muerte”
Martina sufrió más.
Creo que el maquillaje ardió
incandescente.
Y también que
no la mirabas arder
porque solo veías mis zapatos.
La virgen lloró sin consuelo
y nunca más
volvieron a presenciar los cirios
la muerte de Dios.
Martina se quemó
y te miraba
para que tú
dejases de verme a mí.
El incienso encerró a Abril
en un manicomio.
Y recuerdo que irrumpiste
en mi bañera
para verme desnuda
y contarme
que en Enero
yo sería
Vivian Leigh
Y tú
Laurence Olivier.
“Arderá Inglaterra
y nadie llamará mi atención”
Yo nunca me pregunté
porque sólo querías quererme
siendo ella
porqué en un tranvía
o llevada por un viento
que no volverá.
Jamás sería Lady Olivier
ni tendría su belleza
ni su mirada fugaz
ni arreglaría flores antes de mi muerte.
Ni moriría antes que tú
eso era indudable.
Ni me perdería entre letras
de Tennesse Williams
por no querer entender
que la muerte era un momento.
Supe que el tiempo había volcado mi mundo
y quizá fue en esa tarde
de escenarios adornados por
Dylan Thomas
mientras Vera le miraba
o la parca le hostigaba
en cada verso.
Quizá fue ahí
cuando supe
que debías morir
para que yo naciera.
Que siempre me amarías
más que a nadie
pero menos que a ninguna.
Y fue Julia
intoxicada de tu boca
la que me confesó
“Serás ella siempre en él
Mas sólo sin su olor
serás en ti”
Entonces supe que había
sido niña demasiado tiempo.
La tarde en que te maté
tú declamabas a Lucía
o a Claudia
o a Elisa
y decías creer que todas
tenían mis labios.
Pero ellos estaban en casa esperándote
probando la cena
tentando la sangre…
Me miraste sin sorpresa
adivinando que era Diciembre otra vez.
Que los meses retrocedían
y volvíamos sin querer
allí.
“Es Diciembre,
encantado de conocerte
princesa”
Y nunca recitaste nada más.
Entonces
solo entonces
empecé a ser lo mejor de ti
y crecí
bajo un Cedro alicaído por tu ausencia.
A veces cuento los meses
de Enero a Diciembre
para ser tuya en alguna vida
en la que no haya equipaje
de regreso.
Y retroceden los años y
diez antes o después
un chico guapo
me escribió en un poema:
Este viejo mundo es más brillante
por las vidas de gente como tú.
Y supe que tenías razón.
Que yo siempre sería Lady Olivier
que te amaría para vivir sin ti
y morir de olvido
Y ahora,
ahora tengo todas las cosas que esperaba tener.
Pero de vez en cuando sin ti,
tengo maletas vacías de fotos de Amélie.
O enanos empeñados
al jardín de la imprudencia.
O a veces sin ti no tengo nada
O a veces sin ti, me tengo a mí.